1 de enero: Solemnidad de Sta. María, madre de Dios

¡Paz y Bien, hermanos!

Celebramos hoy la festividad de Santa María, Madre de Dios. Ella fue la Madre del Señor. San Lucas nos la describe con su habitual maestría en esta pincelada teológica: “Y María conservaba todas las cosas, meditándolas en su corazón” y a fe que encuadra en un modo sublime la existencia de María. María vive con intensidad su ser Madre del Verbo de Dios. Acepta toda experiencia, pregunta a la vida y conserva todo en su corazón. Vive virtuosamente la maternidad, acogiendo responsablemente también el misterio de la vida de Cristo Jesús, Hijo de Dios. María es la creyente reflexiva: “María al anuncio del ángel acogió en el corazón y en cuerpo al Verbo de Dios” (LG 53).

“Así María… acogiendo la palabra divina, llegó a ser la Madre de Jesús” (LG 56).

 

Es también comienzo de un nuevo año. La primera palabra que debemos pronunciar es “gracias”, por las vivencias que hemos tenido en año que hemos vivido. Para los creyentes el tiempo no es un azar, sino un regalo para comprender a Dios, que nos hace vernos y apreciar a los nuestros y a cuantos comparten nuestra vida como una dádiva divina. En definitiva, la vida es la contemplación de la generosidad de Dios hacia cada uno de nosotros.

Para los cristianos el augurio del “buen año” es signo de una invocación y una profesión de fe. No es sólo una costumbre y tradición que se repite, sino “bendición divina”, toma de conciencia gozosa que Dios está con nosotros: “Dios te bendiga y te proteja, ilumine tu rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz” nos recuerda hoy la lectura de los Números.

Es también la jornada de la paz, instituida por Pablo VI en el 1968. La paz se construye haciendo el bien a todos, queriendo bien. Es una paz que comienza por nuestro pequeño ambiente: nuestra familia, el sitio donde trabajamos, el colegio, la comunidad cristiana. Es un bien silencioso, continuo, incansable, que construye la paz, con la ayuda de Dios, pero no olvidemos que la paz es un fruto del Espíritu, como nos recuerda el apóstol Pablo en su carta a los Gálatas.

Del mensaje del Papa Benedicto XVI, en la jornada mundial de la Paz:

Al comenzar el nuevo año deseo hacer llegar a los hombres y mujeres de todo el mundo mis fervientes deseos de paz, junto con un caluroso mensaje de esperanza. Lo hago proponiendo a la reflexión común el tema que he enunciado al principio de este mensaje, y que considero muy importante: Familia humana, comunidad de paz. De hecho, la primera forma de comunión entre las personas es la que el amor suscita entre un hombre y una mujer decididos a unirse establemente para construir juntos una nueva familia. Pero también los pueblos de la tierra están llamados a establecer entre sí relaciones de solidaridad y colaboración, como corresponde a los miembros de la única familia humana: « Todos los pueblos —dice el Concilio Vaticano II— forman una única comunidad y tienen un mismo origen, puesto que Dios hizo habitar a todo el género humano sobre la entera faz de la tierra (cf. Hch 17,26); también tienen un único fin último, Dios». (n. 1)

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