| ¡Paz
y Bien, hermanos!
Celebramos hoy la festividad
de Santa María,
Madre de Dios. Ella fue la Madre
del Señor. San Lucas nos la describe
con su habitual maestría en esta
pincelada teológica: “Y María
conservaba todas las cosas, meditándolas
en su corazón” y a fe que encuadra
en un modo sublime la existencia de María.
María vive con intensidad su ser
Madre del Verbo de Dios. Acepta toda experiencia,
pregunta a la vida y conserva todo en su
corazón. Vive virtuosamente la maternidad,
acogiendo responsablemente también
el misterio de la vida de Cristo Jesús,
Hijo de Dios. María es la creyente
reflexiva: “María al anuncio
del ángel acogió en el corazón
y en cuerpo al Verbo de Dios” (LG
53).
“Así María…
acogiendo la palabra divina, llegó
a ser la Madre de Jesús” (LG
56).
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Es también
comienzo de un nuevo
año. La primera palabra
que debemos pronunciar es “gracias”,
por las vivencias que hemos tenido en
año que hemos vivido. Para los
creyentes el tiempo no es un azar, sino
un regalo para comprender a Dios, que
nos hace vernos y apreciar a los nuestros
y a cuantos comparten nuestra vida como
una dádiva divina. En definitiva,
la vida es la contemplación de
la generosidad de Dios hacia cada uno
de nosotros.
Para los cristianos el augurio del “buen
año” es signo de una invocación
y una profesión de fe. No es sólo
una costumbre y tradición que se
repite, sino “bendición divina”,
toma de conciencia gozosa que Dios está
con nosotros: “Dios te bendiga y
te proteja, ilumine tu rostro sobre ti
y te conceda su favor. El Señor
se fije en ti y te conceda la paz”
nos recuerda hoy la lectura de los Números.
Es también la
jornada de la paz, instituida por
Pablo VI en el 1968. La paz se construye
haciendo el bien a todos, queriendo bien.
Es una paz que comienza por nuestro pequeño
ambiente: nuestra familia, el sitio donde
trabajamos, el colegio, la comunidad cristiana.
Es un bien silencioso, continuo, incansable,
que construye la paz, con la ayuda de
Dios, pero no olvidemos que la paz es
un fruto del Espíritu, como nos
recuerda el apóstol Pablo en su
carta a los Gálatas.
Del mensaje del Papa
Benedicto XVI,
en la jornada mundial de la Paz:
Al comenzar el nuevo
año deseo hacer llegar a los hombres
y mujeres de todo el mundo mis fervientes
deseos de paz, junto con un caluroso mensaje
de esperanza. Lo hago proponiendo a la
reflexión común el tema
que he enunciado al principio de este
mensaje, y que considero muy importante:
Familia humana, comunidad de paz. De hecho,
la primera forma de comunión entre
las personas es la que el amor suscita
entre un hombre y una mujer decididos
a unirse establemente para construir juntos
una nueva familia. Pero también
los pueblos de la tierra están
llamados a establecer entre sí
relaciones de solidaridad y colaboración,
como corresponde a los miembros de la
única familia humana: « Todos
los pueblos —dice el Concilio Vaticano
II— forman una única comunidad
y tienen un mismo origen, puesto que Dios
hizo habitar a todo el género humano
sobre la entera faz de la tierra (cf.
Hch 17,26); también tienen un único
fin último, Dios». (n. 1)
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