Décimo séptimo domingo del tiempo ordinario

1Re 3, 5. 7-12:

Nos hallamos ante un célebre pasaje sobre el rey Salomón, implorando sabiduría y discernimiento para gobernar a su pueblo. Literariamente en 1 Re 3,4-15 la narración originaria contenía una determinada concepción del reinado de Salomón, que se caracterizaba por la reputación, la prudencia y la riqueza, que tuvo su lugar de origen en Gabaón, donde había Salomón a ofrecer sacrificios a Dios y conocer los planes de Dios sobre él. Las posteriores añadiduras deuteronomísticas han desplazado en parte este enfoque, e insisten en presentar “su” reinado ideal. Conviene señalar que aquí encontramos ambos estratos ya mezclados, y tales retoques hay que tenerlos en cuenta a la hora de describir a Salomón como un rey ideal.

- La lectura de fondo de este perípoca apunta a enfatizar que en cualquier tarea humana se necesita la luz divina, pues el hombre que se apoya exclusivamente en sí mismo fracasa. Y tal criterio no surge espontáneamente, sino que el autor presupone los cinco siglos largos de existencia de la monarquía en Israel y Judá, que son ¡unos cuantos! para sopesar el corazón del hombre en las riendas del poder monárquico, que había desembocado en el desastre de la deportación a Babilonia. De ahí la insistencia en dejar bien claro en los inicios de esta historia monárquica que apartarse del consejo divino supone caminar a la deriva. Por eso el autor se esfuerza en poner en labios de Salomón tal confesión, reconociendo que sin dicha sabiduría se cometen errores a la hora de gobernar.

Vertiente cristiana: La lectura anima a buscar la sabiduría; esa sensatez que nos da la comprensión de los acontecimientos cotidianos con la mayor cordura posible, tarea no fácil cuando nos apoyamos sólo en nuestros criterios o influencias mediáticas o sociológicas. A veces la sabiduría de la vida la confundimos con las “mayorías” o las “tendencias” reinantes, pero la plegaría de Salomón nos recuerda que en el sucederse de días, meses y años necesitamos esa sabiduría de los “alto”, es decir, de Dios, que nos ayuda a purificar nuestras vivencias personales y a imprimir lucidez a nuestros criterios.

 

 

Sal 118, 57.72.76-77.127-128.129-130:

Es el Sal más amplio del salterio, tiene 176 versículos, y ofrece una reflexión sapiencial sobre el sentido de los mandatos de Dios, desgranados en el arco del AT. El autor gira en torno a un gozne dominante: la palabra y la ley de Dios, cual factor determinante de toda la vida. No existe un versículo que no se aluda a dicha palabra y ley de una manera clara o con sinónimos, cuales “prescripciones”, “mandatos”, etc. El Sal 118 proporciona una teología completa sobre la ley divina según criterios prácticos y teóricos para la vida cotidiana.

Dietrich Bonhoeffer a propósito del sal escribió certeramente: “Indudablemente el Sal 118 es un especialmente pesado por su monotonía y amplitud, pero precisamente debemos proceder palabra por palabra, frase por frase, muy lenta, tranquila, y pacientemente. Entonces descubriremos que las aparentes repeticiones en realidad son aspectos nuevos de una misma y única realidad: el amor por la palabra de Dios. Como este amor no tiene nunca fin, así también no tienen fin las palabras que la confiesan. Esas nos pueden acompañar por toda la vida, y en su simplicidad se convierten en la oración del joven, del hombre y del anciano” (Orar los salmos con Cristo, ed. it).

Reflexión sobre el Salmo: La palabra divina hacia el hombre es signo de cariño y ternura, ¡nada de imposición! Dios conoce los secretos de nuestra interioridad, aquello que nosotros mostramos y escondemos. El nos guía, ama, escruta nuestros pensamientos, y, cuando rezamos con sus palabras, sale a flote nuestra miseria, pero es más grande la alegría y el júbilo que experimentamos ante la palabra que nos da vida y anima. ¡Esta es la sabiduría de Dios!

Rom 8, 28-30 :

Es la continuación del fragmento del pasado domingo, donde el apóstol vuelve a tomar vuelos en sus reflexiones espirituales. Un texto que ha sido punto de discusión en la historia de la exégesis en el ámbito ecuménico. Pablo aquí contempla el plan salvífico de Dios desde la eternidad, que encierra un eslabón de etapas que desbordan nuestro cometido. Pero aplicado a nuestra situación actual de creyentes se enfatiza que todos hemos recibido una misteriosa llamada de Dios Padre en Cristo, y gracias a ella somos hijos y hermanos entre nosotros.

Una llamada que rompe muchas barreras, criterios sociales y antropológicos. El apóstol subraya el lado divino frente a nuestra situación, es decir, la llamada, la justificación y glorificación desvelan nuestra profunda identidad, es decir, la sabiduría eterna de Dios se nos torna vivencia al comprender que hemos sido elegidos aquí y ahora por Dios Padre en su Hijo.

Mt 13, 44-52:

Contiene la tres últimas parábolas de Mt 13. Las dos primeras (las dedicadas al tesoro y la perla), casi son gemelas, y sustancialmente propone la misma enseñanza, revelando el carácter misterioso y escondido del reino. La lección que se desprende ellas anima a una decisión en el presente por el reino operante en la persona de Jesús. La tercera (la red echada en el mar) corresponde a la parábola de la cizaña y la buena semilla, e insiste nuevamente en el juicio universal. El tono de la parábola resulta ciertamente escatológico, aunque en ésta emerge el problema de la mezcla del bien y el mal en la comunidad mesiánica. Es difícil determinar la línea de demarcación de las dos realidades contenidas. El v. 52 alude a la nueva enseñanza de Jesús, en cuanto que lleva a cumplimiento cuanto encierra el mensaje contenido en el AT. En Jesús se desvela plenamente el plan salvífico de Dios, en cuanto actúa en Él en el presente. Según la óptica de Mt el evangelio entronca con el AT.

La existencia: un tiempo de novedad y decisiones. Bien sabemos que el curso del tiempo nos ofrece oportunidades de retornos a egoísmos, abandonos, desilusiones, dinero, hedonismo, etc, realidades que crecen junto a otros ideales fecundos. El corazón humano abarca ambas posibilidades, pero bien sabemos que la vida del bautizado consiste en la apuesta por las pautas marcadas por Cristo, Señor, en el deseo de ponerse de su parte sin equívocos, sin cálculos. Hermoso horizonte ¡Seamos valientes!

HOJAS LITÚRGICAS de

San Juan de los Reyes



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