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Hch
12, 1-11:
Hech 12 describe la liberación
de Pedro y la muerte de Herodes Agripa.
Este capítulo supone un cambio radical
en la trama del libro. Se concluye el tiempo
del colegio apostólico al frente
de la comunidad de Jerusalén con
la partida de Pedro, sustituido por Santiago,
“hermano del Señor”;
cambian también las relaciones entre
los judíos y la “comunidad
cristiana”, que por primera vez se
tornan hostiles, y que Lucas describe en
forma estereotipada en la segunda parte
del libro. La liberación de Pedro
se sitúa, pues, en este contexto,
dando a entender que la persecución
es un elemento de fecundidad para la iglesia.
El anuncio de la palabra divina encuentra
obstáculos, pero los supera. En los
v. 23-24 se contrasta la muerte del perseguidor
con el crecimiento de la palabra divina.
Hech 12 contiene, por otra parte, elementos
históricos del martirio del Santiago
de Zebedeo, la encarcelación de Pedro
en los días de preparación
a la Pascua y su liberación. A causa
de su marcha de Jerusalén, Santiago,
“hermano del Señor”,
asume la responsabilidad de la comunidad,
y, finalmente, se menciona la muerte prematura
de Herodes Agripa I.
Lucas yuxtapone dos tradiciones originariamente
independientes. La liberación y detención
de Pedro las narra según un género
literario en boga en la propaganda religiosa
para legitimar una nueva divinidad o lugar
de culto. Las noticias sobre el martirio
de Santiago las utiliza como introducción
al episodio de Pedro, actuando de fondo,
y confiriéndole una carga dramática,
sabiendo el lector que Pedro arrestado corre
un peligro de vida. La conclusión
con la muerte de Herodes evoca cuanto Gamaliel
había predicho en At 5,39: “no
combatáis contra Dios”. Lucas
ha elaborado las respectivas tradiciones
según sus categorías religiosas,
destacando, entre otras, las siguientes:
la iniciativa de Dios en liberar a Pedro,
pues lo tenían bien custodiado y
con cadena doble. El apóstol se beneficia
pasivamente de la intervención celestial.
El lenguaje de Lucas está salpicado
de textos que recuerdan el éxodo
de Egipto. Pedro vive una nueva Pascua,
experimenta al Dios del éxodo, que
suele actuar así a lo largo de toda
la historia. Finalmente, quisiéramos
destacar que la comunidad cristiana, expuesta
a la persecución, no reacciona con
odio o violencia, sino con su única
arma: la oración, que manifiesta
la unión fraterna entre los miembros
de una verdadera familia, compartiendo los
sufrimientos y las alegrías.
Escena repetida:
Puede
ser que no haya una coincidencia plena,
pero, quien procure ser coherente con la
presencia de Dios en su vida, encontrará
oposiciones, que en determinados momentos
pueden alcanzar los tonos dramáticos
de la lectura de hoy. Pedro, no olvidemos,
representa a la primitiva comunidad cristiana,
y, como tal, ella es objeto de persecución.
San Lucas pretende animar a las futuras
comunidades cristianas, que deben afrontar
situaciones análogas, pero deben
ser sabedoras que con la apertura a Dios
se pueden romper muchas cadenas.
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Sal 33,
2-9:
Es un canto de acción de gracias,
ya que el salmista ha vivido los beneficios
de la divina protección, y no sólo
quiere proclamarlos públicamente,
sino que se convierte en heraldo de todos
atribulados. El Salmo en hebreo está
dispuesto alfabéticamente (salmo
acróstico), que suelen tener conexiones
con la literatura sapiencial. Hoy se proporciona
sólo la primera sección
de una estructura que sigue las siguientes
pautas: en la primera parte (v.2-11) prevalece
la acción de gracias individual,
y en la segunda (v.12-23) la instrucción
parenética.
- El Sal encaja muy con la primera lectura.
La experiencia personal del salmista es
presentada en clave paradigmática,
para que sirva como una demostración
concreta de cuanto en términos
generales se desvela a continuación.
Concretamente, el v.8 confiesa la protección
divina en todo tiempo y circunstancia
adversa, que desemboca en la confianza
hacia Dios.
Ilustración
cristiana: Los rabinos en sus
enfoques hermenéuticos afirman
que la palabra divina tiene setenta caras,
en cuanto a sus posibles aplicaciones
o referencias se refiere. En el v.9 proclama
sin cortapisas que Dios es un refugio
para quien acude a El. No se trata sólo
de una opinión más o menos
respetable, sino de una confesión
de Dios, donde se reconoce que la vivencia
de Dios armoniza muchas de nuestras situaciones,
que posiblemente tendrían otros
desenlaces si caminamos por la vida apoyándonos
sólo en el bastón de nuestras
fuerzas o en la coraza de nuestra inteligencia.
Aplicado a nuestros tiempos vacacionales,
podemos preguntarnos: ¿Le hacemos
un espacio a Dios, o nos refugiamos en
otros ámbitos; etc?
2Tim 4,
6-8. 17-18:
La liturgia ahora nos
ofrece la vertiente paulina. El relato
nos traslada a los últimos días
de S. Pablo. Los v.6-8 asumen el tono
de un conmovido testamento espiritual,
donde el apóstol ve cercana su
muerte, ya que da por descontado un proceso
contra él (cfr. 4,16-18), que acabará
con la pena capital. Pero nada pie a la
melancolía, sino que es un himno
alegre de quien se ve cercano a la meta
después de un duro combate. Por
otra parte, el texto añade un ulterior
motivo: animar a su discípulo a
recoger su heredad, sembrada de esfuerzos
y denuedos por el crecimiento de la palabra
de Dios. Las imágenes de combate,
carrera y corona, derivadas del ámbito
deportivo, ayudan a comprender el aspecto
batallador del cristianismo, reflejando
los ideales de S. Pablo.
Retrato
paulino:
El corte transversal de sus cartas nos
ofrecen sin lugar a dudas a un Pablo entregado
de cuerpo y alma a su misión de
anunciador del evangelio de Cristo. Un
hombre apasionado por la verdad de la
palabra de Cristo, proclamada en medio
de persecuciones continuas, pero dejando
bien claro que la fuerza le viene de esa
fe profunda y personal en Cristo crucificado.
¡Y no creamos los cristianos que
esta tesitura es pasajera!
Mt 16,
13-19:
Página dedicada
a S. Pedro, centrada en su confesión
y primado. El episodio para Marcos tiene
una importancia capital, porque supone
un punto de llegada en el proceso de una
madurez de fe de los discípulos
en la mesianidad de Jesús, sin
embargo Mt enfatiza en la escena el primado
de Pedro, de suma importancia en el evangelio
eclesiástico. Con un lenguaje de
sabor semítico se confirma a Pedro
al frente de la comunidad, emergiendo
desde los primeros momentos la figura
de Pedro de una manera singular respecto
al grupo de los doce. El motivo de su
preeminencia no hay que buscarlo en sus
cualidades personales, sino en la libre
elección de Cristo. Sólo
esta lección gratuita ha conferido
a Pedro una grandeza que se mide con la
noble misión, que Cristo le ha
confiado.
El ánimo
de la fe: Bien sabemos por otras
páginas evangélicas que
Pedro no era precisamente un dechado de
virtud, pero se dejó modelar por
la acción de Cristo, superando
así múltiples obstáculos
y crisis. Los personajes evangélicos
siempre despiertan en los creyentes nuevas
ilusiones porque nos ayudan a identificarnos,
como sucede con la figura de Pedro: un
creyente que se dejó labrar por
Cristo.
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