Mientras que a principios del siglo XX se palpaba el error de la prematura y violenta expulsión de los misioneros españoles, por lo que muchos obispados hacían llamadas urgentes a la Península; y en tanto que desde España salían periódicas misiones a las mismas tierras de donde acababan de ser expulsados, comprometiéndose con un cuarto voto misional a continuar la obra de sus antepasados, las primeras generaciones de la posguerra española se educaban bajo el mismo signo.
Aunque sin voto expreso por medio, los que nos educábamos en esas décadas (1940-1950) no podremos olvidar las emocionadas actividades formativo-misionales en las reimplantadas Casas de Estudio, considerando las tierras del Extremo Oriente cual "destino histórico" de la Provincia de San Gregorio, cuyas gestas martiriales, sobre todo de San Pedro Bautista y los niños Antonio, Luis y Tomé, incendiaban nuestras mentes adolescentes y juveniles.
Mas junto a esta apretada hiedra que comenzaba a expandirse en ramos verdes por las escasas piedras de aquella castigada Provincia, muy otra parecía la perspectiva misionera del lado de la Comisaría, desde años atrás.
No todos los religiosos vieron con buenos ojos el traslado de la Curia Provincial a la Península y, entre dubitaciones y forcejeos, apareció la primera crisis, por el intento filipino de abrir en España un Seminario de Vocaciones Misioneras directamente gestionado por la Comisaría, lo que fue vetado por los Responsables provinciales a fin de prevenir una independencia impopular e indeseable.
Pero fruto de estas inquietudes y aprovechando la situación amenazante de la persecución que acontecía en España (1931), se decidió que profesores y estudiantes pasasen a cursar los estudios eclesiásticos en Estados Unidos (Quincy, Illinois) y así preparar un grupo especializado en lengua y cultura inglesas, con posible utilización misionera en las Islas. Semejante talante previsor que, por desgracia, estaría ausente en las horas más decisivas, no surtió los efectos esperados, ya que la subsiguiente Guerra Civil española y la Guerra Mundial cambiarían el curso de los acontecimientos.
En el Capítulo Provincial de 1958, en Madrid, se llegó a la decisión de poner la Comisaría en manos de la Curia General, dejando campo libre a las provincias norteamericanas allí presentes, dada la influencia anglo-sajona con la victoria estadounidense. Mas un golpe dramático sobrevino a la escena del contencioso: la Curia General dio un rotundo NO a semejante planteamiento, declarando la obra de la Provincia de San Gregorio en las Islas, inacabada. A reforzar este golpe de timón, el P. Agustín Sepinskicursó una visita personal a la Provincia, extendiendo la consigna, de convento en convento, de "quien se negase a trabajar en Filipinas debería sentirse frustrado en cuanto hijo de la Provincia".
Pero apenas transcurrida una década (1967), a favor del cambio operado en la Iglesia con el Concilio Vaticano II, de Oriente a Occidente se hizo oír un clamor unánime: "Filipinas no puede seguir así; hay que dar una solución". Circunstancias religiosas, políticas y coyunturales apuntaban hacia un determinado "momento histórico", en el que las cinco entidades franciscanas presentes en el Archipiélago, tres norteamericanas, una italiana, una española, convienen en dar paso a una remodelación total de la presencia franciscana. Nadie sabía lo que la tormenta incubaba, pero los vientos corrían a favor de la unificación de la Orden, tratando de asegurar su presencia en la única nación católica de Extremo Oriente, ante una determinada invasión comunista desde China que podría conllevar la expulsión del clero extranjero.
La "Cuestión Filipina", que a través de 60 años había acompañado con tormento el deambular misionero hacia su ocaso en la Provincia de San Gregorio, tendría un final feliz con la erección dde la Vicaría Misionera de San Gregorio Magno de Filipinas (1970).
La actual Provincia franciscana de San Gregorio en Castilla, jurídicamente continuadora de la fundada en el siglo XVI y de la restaurada a primeros del siglo XX, sociológica y eclesialmente presenta nueva factura; y lo que más sorprende, ofrece un particular paralelo con la andadura precedente.
Nace tras el desastre nacional de la Guerra Civil Española, con el Capítulo Provincial de 19 de septiembre de 1940, en Madrid, siendo Ministro Provincial Eusebio García del Álamo; vicario, Antonio Sobrino, y definidores Blas Almendros, Julián Cruz, Nicolás Acebal y Patricio B. Ortiz.
Abandonando entrañables presencias franciscanas y limitándose a los conventos de Pastrana, La Puebla de Montalbán, Arenas de San Pedro, Avila, Guadalajara, Segovia, Alcázar de San Juan y Madrid, durante treinta años reconstruye sus moradas malparadas, organiza sus centros docentes y por decisión del Ministro Provincial Gabino Gallego, convierte "Santi Quaranta" de Roma en vivero de generaciones intelectual y franciscanamente preparadas, hasta la erección y apertura de la Casa de Teología en San Juan de los Reyes, de Toledo (1954).
También la actual Provincia conoce tiempos de crisis, ahora interna, con el recucrecimiento de la "cuestión filipina", que divide los ánimos y somete a juicio la identidad de la propia vocación histórica misionera (1958-1967).
Y con la vulgarmente dicha "pérdida de Filipinas", cuando la Provincia da la cara definitivamente a su propio ser y a su limitada dimensión geográfica, surge impensadamente el crecimiento que pasará a la historia como la"década del 70", con dos nuevas fundaciones, una fundación misionera en Bolivia, tres nuevas reedificaciones desde sus cimientos, siete nuevas presencias parroquiales, dos casas filiales, tres ramificaciones misioneras en Filipinas, Perú y Colombia, y un solo convento cerrado.
Puede afirmarse que la actual Provincia de San Gregorio pertenece al movimiento promovido por el Concilio Vaticano II (1962-1965), cuyos efectos se hicieron sentir a través del Capítulo General de Asís (1967), tanto a nivel personal, por la búsqueda de nuestra identidad franciscana, como a nivel estructural, proceso en que estaba embarcada la Iglesia misma, invitada a una reforma y a una adaptación a los "signos de los tiempos".
En los años 1968-1969, a la vez que se incubaba la gran interrogante sobre el futuro de la Comisaría misionera de Filipinas, el Ministro Provincial,Clodulfo Escobar, estimulaba un estudio relativo a nuestros conventos, aquellos que se viesen más afectados por el cambio de los tiempos. Con estos fines, se confeccionó un trabajo de colaboración con todas las fraternidades que llevaría por título: Apuntes para un estudio socio-religioso de los conventos de nuestra Provincia, que supuso un detallado recuento de todas las Casas.
En aquellos años de singular promoción por cuanto afectara a nuestro ser provincial y misionero, el dicho Ministro Provincial sometió a plebiscito la"cuestión filipina", arrojando un SÍ MASIVO a favor de la independencia de la Comisaría, respuesta que dejó estupefactos a los más tenaces propulsores de la reunificación aunonómica.
En el año 1970, un 23 de marzo, Jueves Santo, la Nunciatura Apostólica, y un 25 del mismo mes, Sábado Santo, el Ministro General, Constantino Kóser,entre la noche dolorosa del Señor Jesús y el júbilo pascual de la Resurrección, anunciaban el nacimiento de la Vicaría Misionera de Filipinas.
Pronto fue reconocido con enorme satisfacción que sin la decisión tomada por la Provincia de San Gregorio nunca se hubiera llegado a un resultado tan favorable a la causa filipina, convirtiéndose la metrópoli en líden de tan complicada y sentimental operación alternativa.
Nacía adulta, también en España, la Provincia de San Gregorio Magno, afincada en Castilla, iniciándose una década, como se ha dicho, de inesperado ensanchamiento, siendo provincial Pedro Romero.
Finalmente, tras un período de 13 años, llegaba la efemérides esperada de la mayoría de edad de la Vicaría Misionera de Filipinas, con la erección en calidad de Provincia indígena y autóctona, jurídicamente hablando, bajo el patronazgo de San Pedro Bautista, en sus tierras de Filipinas.
Alumbraba así un decreto dado en Roma, por la Curia General, a 20 de enero de 1983, tras un año de gestiones desde que el 11 de febrero de 1982 el Consejo Vicarial hubiera hecho la petición.
Un nuevo gobierno tomaba el relevo, bajo la presidencia de Bienvenido Baisas, confirmado por la Curia General el 21 de enero del año 1983.
El 24 de enero, vísperas del gran acontecimiento, se reunieron todos los miembros de la Vicaría en jornada de reflexión espiritual, en San Francisco del Monte, sede de la Curia. El 25 de enero fue elegido como fecha de inauguración e investidura de l anueva singladura de la vieja Provincia de San Gregorio Magno de Fiipinas, ahora en el siglo XX, 90 años tras la independencia civil; su nuevo nombre de "San Pedro Bautista" es la imagen y semejanza de quien le dio el ser y la ventura.
El Ministro General, Juan Vaungh, haría memoria en la concelebración eucarística de la presencia española por más de 400 años de quienes "dejaron patria y cultura propias para venir a cimentar la vida franciscana en Filipinas".
Nuesro Ministro Provincial, Manuel Blanco, allí presente, entregó un ejemplar de las "Florecillas de San Francisco de Asís", ilustrado por Segrelles, con la siguiente dedicatoria: "A la nueva provincia franciscana de Filipinas, en el día de su erección, como signo de unión y fraternidad. La Provincia de San Gregorio Magno de Castilla, que nació a la historia en estas tierras filipinas en 1578 y aquí dejó semillas de franciscanismo".
Constituyen la nueva Provincia 96 religiosos incardinados, 31 colaboradores y 130 candidatos, presentes en las islas de Luzón, Sámar, Leyte, Negros, Cebú y Mindanao. Y trabajan, en este año de 1983, en aquellas tierras cuatro misioneros de la Provincia de San Gregorio Magno en Castilla: Pedro Ruano, Sérvulo San Martín, Jesús Galindo y Agapito Díez.